Presentación

La actualidad filosófica parece dominada por corrientes que, con sus alusiones a nuevos «ismos», pretenden superar la ironía general que se instaló en la teoría tras la deconstrucción y la postmodernidad, confiando de nuevo en la capacidad de nuestros conceptos y su fuerza especulativa para identificar el núcleo sustancial de la realidad. Con sus reflexiones sobre los universales, el realismo, el idealismo, el problema de lo absoluto, apenas disimulan una aspiración escolástica, algo que no es del todo divergente de las aspiraciones de considerar la modernidad filosófica, y con ella la época de la crítica, como un suceso reversible. Por supuesto, estas nuevas tendencias buscan separar la filosofía de los aspectos profanos, mundanos y prácticos: los ámbitos políticos, estéticos, económicos son abandonados a favor de teorías generales sobre la realidad. De este modo, un tratamiento abstracto de lo real sienta las bases para una aproximación estrictamente conceptual.

Quizá antes de avanzar en esta dirección sea interesante dar un paso atrás y preguntarnos por el movimiento del pensar en el siglo XX, de modo tal que conceda todavía una oportunidad a una crítica que ya no puede ejercerse al margen de una renovada conciencia histórica, lejana desde luego de aquella que sirvió al futurismo acelerado de la modernidad. A eso deseamos dedicar nuestro congreso. No se trata de exponer académicamente un aspecto u otro del pensamiento de los grandes autores del siglo xx. Se trata de identificar sus arcana. Entendemos por arcana aquellas conexiones filosóficas ocultas en una obra o autor que permitieron definir posiciones importantes, manteniéndose sin embargo por algún motivo ocultas. Estas conexiones en reserva muchas veces decidieron las acuñaciones conceptuales, los giros temáticos y las orientaciones, ofrecieron las premisas, posibilitaron los malentendidos creativos, generaron los estratos de sentido de determinadas nociones, marcaron los puntos de no retorno, los compromisos vinculantes. En ellas colocamos los senderos que se pueden reconstruir históricamente, lanzando sobre el valor de los conceptos las condiciones concretas, circunstanciales, ocasionales de su formación y sentido, de tal modo que retiren de ellas el aura de lo necesario. A través de esas conexiones podemos desandar los caminos de la productividad y entrever las contingencias del pensamiento. Lo relevante aquí es que esa productividad vino aumentada por la retracción de un pensamiento germinal a la latencia de lo arcano. Por supuesto, otro influjo, otra intuición, otro pasaje, otro concepto, otra circunstancia, otra ocasión y quizá todo habría sido completamente diferente. La posibilidad de todos los azares está alojada en esos nexos que, por su carácter oculto, pueden desplegarse en la impunidad de lo no observado. De la misma manera que la revelación de los arcana fue un intento de resistir la sacralización del poder, este proceder en el campo de la filosofía es uno de los poderes de la crítica.

Algunos de esos arcana son relativamente conocidos. Sabemos que Canguilhem está detrás de Foucault, o Schmitt tras Benjamin, o Simmel tras Ortega, o Schopenhauer detrás de Wittgenstein. También estos vínculos debemos repensarlos a la luz de ulteriores elementos reflexivos. Otros debemos identificarlos, descubrirlos persiguiendo aquellos elementos que resultan decisivos para innovar en el pensamiento: las Stimmungen comunes que determinaron afinidades, las latencias que se activaron con nuevos estímulos, las experiencias temporales condicionantes que permitieron diálogos cargados de sobreentendidos. Pero nuestra convicción es que disponer de arcana es el elemento constituyente de un gran pensador y sin identificarlos no se puede conocer su lógica y, sobre todo, el dinamismo de su formación. Es ahí donde se activan las zonas latentes de la tradición, donde la luz del presente y sus urgencias iluminan sólo parcialmente los aspectos que tienden a ser olvidados del legado conceptual y del arsenal semántico disponible. Ahí, en los arcana, está el terreno donde la inteligencia siempre regresa para buscar nuevos estímulos evolutivos, donde se tiene la percepción de que se camina sobre una senda no transitada y se consuma la búsqueda de la novedad. Aquí tienen lugar lo que Hans Blumenberg llamó historias de conceptos o conceptos en historias.

Este congreso propone aguzar la mirada para buscar los arcana del siglo xx en sus grandes pensadores. El juego es libre, pero se prefiere que las conexiones de arcana adquieran dimensiones de generatividad gramatical o léxica, de conformación de lógicas, de formación de dispositivos coherentes, de despliegues conceptuales. Que sean germinales y decisivas. Sólo se pedirá que las vinculaciones arcanas estén acreditadas biográficamente, filológicamente; que no sean imaginadas sino interpretadas; no inventadas sino pensadas; no mitificadas, sino de-sublimadas, a fin de que no resulten cosificadas o idealizadas, sino que puedan mostrar sus potencialidades todavía no agotadas, en tanto muestren su obediencia al principio de razón insuficiente.

Anuncios